Por Catalina Vásquez
5 marzo, 2015

Un detector de mentiras peludo y de cuatro patas.

Puede que elogiemos condescendientemente a nuestros inteligentes perritos cuando son buenos jugando a buscar la pelota, pero a estos animales les pasan más cosas por sus cabezas de las que pensamos. Por ejemplo, sabemos que nuestros compañeros caninos pueden procesar el habla humana de manera similar a la nuestra, muestran celos, e incluso identifican algunas de nuestras expresiones emocionales. Pero además, resulta que estos animales sorprendentemente perceptivos pueden diferenciar entre una mentira y algo que es verdad. Y aún más increíble, una vez que han decidido si alguien es de confiar o no, ajustan su comportamiento a ello.

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Desde hace un tiempo se sabe que los perros son particularmente sensibles a las señales con el dedo y que no es difícil que sigan la dirección a la que apuntas. Lo que no imaginábamos tan evidente es que parecen ser tan receptivos a nuestras señales que incluso logran identificar cuando son falsas, y en esos casos, se esforzarán por no seguirlas. Por ejemplo, un estudio demostró que los perros elegirán un plato de comida más pequeño si es que su dueño les señala su preferencia por ese plato, y que por el contrario, no le harán caso, si es que evalúan al humano que entrega estas señales y no les genera la confianza necesaria.

Para saber más, unos científicos de la Universidad de Kioto, Japón, reunieron a 34 perros y sus dueños y los sometieron a una serie de pruebas diseñadas para determinar qué tan buenos son para descubrir confiabilidad. El diseño experimental involucraba mostrarles a los perros dos contenedores opacos, uno estaba vacío y el otro tenía comida. Se hizo que ambos olieran igual para que los perros no pudieran hacer trampa usando su olfato.

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En la primera ronda, los participantes apuntaron claramente al contenedor con comida dentro antes de dejar al perro ir y elegir cuál contenedor explorar. En la segunda ronda, el experimentador engañó al perro y apuntó al contenedor vacío luego de revelar los contenidos de ambos. En la ronda final, el experimentador repitió lo que se hizo en la primera. Pero en vez de seguir ciegamente la señal, los investigadores descubrieron que los perros ya no respondían a la indicación. Sólo para asegurarse de que no era el resultado de una falta de motivación, los científicos repitieron el experimento con nuevos experimentadores y obtuvieron los mismos resultados.

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De acuerdo con los investigadores, estos descubrimientos sugieren que los perros son capaces de hacer inferencias sobre la confiabilidad de una persona basados en la experiencia, y pueden usar esto para adecuar su comportamiento y predecir lo que alguien hará en situaciones futuras. “Los perros tienen una inteligencia social más sofisticada de lo que pensábamos”, le dijo el autor principal Akiko Takaoka a la BBC. “Esta inteligencia social evolucionó selectivamente en su larga historia con el ser humano”.

Para llevar este estudio más lejos, Takaoka planea examinar a especies similares a los perros, como es el caso de los lobos. Con la idea final de clarificar, cómo la domesticación ha afectado la inteligencia social de los canes.

Visto en: IFL Science

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