Por Daniela Bustos
21 abril, 2015
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Despídete de las cosas materiales.

Cuando llevas un año entero ahorrando cada centavo de tu sueldo, puede ser difícil decidir gastarlo todo en un pasaje para un destino en el que sólo estarás un par de semanas. Por esta razón suena mucho más tentador invertir en un nuevo computador que te durará algunos años. Sin embargo, después de un tiempo nos acostumbramos a tener este artefacto junto a nosotros y ya no nos sorprende tanto como el día que lo adquirimos.

“Uno de los enemigos de la felicidad es la adaptación. Compramos objetos para ser felices y lo somos, pero sólo por un momento. Las cosas nuevas son excitantes al principio, pero luego nos adaptamos a ellas“, dijo Thomas Gilovich -profesor de psicología en la Universidad de Cornell- a Fast Company.

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Contrario a la creencia popular, el dinero sí puede comprar la felicidad, pero dependiendo en cómo se invierta. En uno de sus estudios, Gilovich descubrió que los individuos sentían mayor felicidad gastando en experiencias que en bienes materiales. Él cree que una de las razones de este comportamiento es que las vivencias forman más parte de nuestra identidad que las pertenencias. 

Otro punto a favor, es que incluso los malos momentos pueden transformarse en divertidos recuerdos con el tiempo. Por otro lado, te sientes inmediatamente más conectado con alguien que vivió la misma experiencia que tú. Y, como si esto no fuera suficiente, no nos comparamos tanto con el resto como cuando compramos bienes materiales.

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Por ejemplo, cuando gasté todo mi dinero en irme a Australia dudé si es que estaba haciendo lo correcto, luego pasé por momentos muy difíciles e incluso me enfermé gravemente. Pero no me arrepiento de nada, hasta me río de la mala suerte que tuve para terminar en el hospital. Actualmente, cuando converso con personas que han realizado el mismo viaje, hay una complicidad detrás que no se puede describir, simplemente uno conecta mucho mejor con ese individuo.

El placer de la experiencia no sólo está en vivirla y recordarla, sino que también está en imaginar cómo será desde el momento en que comienzas a organizarla. Aún recuerdo cómo me sentía los días antes de vivir tan linda experiencia en tierras australianas, contaba los días y planeaba en mi cabeza los lugares que recorrería. Sin embargo, no me acuerdo cómo me sentía cuando compré la mayoría de la ropa de mi armario.

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Las personas que invierten en experiencias están más dispuestas a participar en actividades sociales. Por lo tanto, la investigación de Gilovich es muy importante no sólo en el sentido de que podría llegar a cambiar las prioridades de compras de los individuos, sino que también podría modificar las reglas de las empresas sobre cuánto tiempo libre se les ofrece a los empleados o a cómo los gobiernos invierten en más espacios y eventos recreativos.

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