Por Romina Bevilacqua
31 octubre, 2014

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En 1967 había tres billones de personas en el planeta Tierra. Un año después, la idea de que la sobrepoblación terminaría matándonos llegó con la publicación del libro de Paul Ehrlich, La Bomba de la Población. Pero si la conciencia aumentó después de estas teorías, no hizo mucho por disminuir el crecimiento de la población. Hoy hay  7 billones de personas y el número continúa aumentando.

En el siglo 18, un clérigo llamado Thomas Robert Malthus advirtió que en la medida que la población crecía, los recursos irían desapareciendo y la hambruna y las enfermedades serían el resultado. Malthus nunca anticipó algunos de los horribles efectos secundarios de la sobrepoblación que vemos hoy, como la extinción de especies y el desastre ambiental. Pero de muchos modos, la idea de control de la población ha pasado a segundo plano en favor de preocupaciones más apremiantes como la disminución de las emisiones de carbono.

Un grupo, sin embargo, está ofreciendo una solución radical a nuestro desastre: El Movimiento Voluntario de Extinción Humana. Su lema es: “Vivamos mucho y extingámonos”. Lo que este grupo plantea es sin duda extraño y sobre todo extremo: debemos dejar de procrear.

Se trata de un movimiento informal que se formó en los años 70 llamado “los Extincionistas”, quienes valoran más la Tierra y sus millones de especies que la supervivencia humana. Su objetivo es convencer a los humanos de dejar de reproducirse, dejar de tener bebés en forma absulota y permitir que la raza humana desaparezca lenta y silenciosamente, en paz y sin el sufrimiento y el dolor que la sobrepoblación ha forjado en gran parte del mundo. Solo entonces el mundo y las especies sobrevivientes podrán recuperarse y prosperar.

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Aunque su agenda se aleja mucho de la corriente principal, las estadísticas relacionadas con la sobrepoblación son aleccionadoras:

  • Cada año, por cada 55 millones de personas que mueren, 135 millones nacen para reemplazarlas. Éstas son 80 millones de personas extra al año, o el equivalente de un Estados Unidos completo cada cuatro años.
  • Una de cada siete personas en el planeta, más de un billón de personas, tienen suministros inadecuados de alimentos y agua. 25.000 personas mueren al día por malnutrición, 18.000 de ellos son niños menores de cinco años.
  • En la medida que aumenta la necesidad de energía, los recursos energéticos se van agotando. La búsqueda de más recursos está degradando los suelos y los mares que nos nutren. La quema de combustibles fósiles está calentando el clima en el planeta a niveles alarmantes. Para el año 2020, la producción de petróleo probablemente comenzará a declinar, ya que habremos explotado la mayoría de las reservas fácilmente accesibles. La búsqueda de reservas menos accesibles tiene el riesgo de producir desastres como el derrame de petróleo de BP en el Golfo de México.
  • La sobrepoblación está forzando a los menos afortunados a vivir en áreas inseguras y vulnerables a inundaciones y tormentas.
  • La expansión de la población está destruyendo valiosas tierras de cultivo y bosques (más de 8000 Km2 sólo en los EEUU el año pasado).
  • Millones de autos obstruyen nuestros caminos y ahogan nuestra atmósfera. La tasa de asma en niños es altísima debido al material particulado en el aire. El americano promedio gasta 2.200 horas atrapado en tacos de autos. La creciente prosperidad en países como China e India suma millones de autos a los caminos del mundo.
  • La necesidad de más terrenos de cultivo está llevando a la destrucción de los valiosísimos bosques del mundo y a la degradación de los océanos. La filtración de pesticidas y fertilizantes está contaminando los océanos y los cursos de agua del planeta. La pesca excesiva está llevando la vida marina al filo de la extinción. La destrucción del hábitat está llevando a la extinción de miles de animales terrestres, plantas e insectos cada año.

La extinción humana no es una idea nueva. Incluso los textos bíblicos cuentan cómo Jehovah, cansado con su experimento, decidió que los humanos estaban destruyendo el planeta. Según sabemos, sin embargo, en un indulto de último minuto, se apiadó y permitió a Noé y a su familia vivir durante cuarenta días y noches de incesante lluvia.

Luego, Noé y sus parientes salieron adelante y se multiplicaron y aquí estamos ahora. Los mitos religiosos comparten la idea de que las catástrofes, como la gran inundación, llevan a la extinción. La idea revolucionaria de los Extincionistas Voluntarios es que planificando intencionalmente nuestra extinción –no catastrófica–, podemos salvar al mundo y mejorar las vidas de los humanos en el intertanto.  Aunque parece un tanto extremo…¿no crees?

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