Por Catalina Vásquez
10 junio, 2015

Algunas veces, los acontecimientos más simples de la naturaleza, pueden ser los que vale la pena recordar por siempre. 

Todos los animales de este planeta partimos de la misma base. Un proceso por el cual dos gametos (masculino y femenino) se fusionan para crear un nuevo individuo con un genoma derivado de ambos progenitores. Así, todos empezamos a crecer dentro del vientre de nuestras madres o desde un huevo, para finalmente, tomar una bocanada de aire en este nuevo mundo cuando nacemos (por supuesto excluyo a los seres acuáticos con lo de tomar una bocanada de aire). Y desde ahí es donde parte esta historia. Ser creado prácticamente de la nada y convertirse en un bebé que todos los días presentará cambios en su cuerpo hasta convertirse en un adulto, que aprenderá de las cosas que observe a su alrededor, que sentirá, se hará independiente, y así, podría seguir enumerando, es algo simplemente maravilloso.

Esto mismo lo notó un fotógrafo de finas artes que vive en Dhaka, Bangladesh, quien ha tenido por años conejos como mascotas. “Durante 10 meses he estado fotografiando los conejitos que adopté. No sólo son adorables compañeros, sino también grandes modelos. La última vez que compartí algunas de sus fotos en Internet, la gente de todo el mundo dijo que los amaba. Eso me inspiró mucho, y decidí continuar con mi proyecto”, comentó arefin03. Y la verdad, se le hizo bastante fácil cuando su coneja, Tooni, tuvo 4 bolitas de pelo tan adorables, como para no sacarles la cámara de encima en todo el día. “Verlos crecer, abriendo sus ojos por primera vez, moviendo sus diminutos pies… todo era tan especial y mágico para mí, que me sentí en la obligación de capturar esos momentos y compartir la felicidad con otras personas”. 

No te pierdas los detalles de sus cambios a continuación:

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