Por Candela Duato
6 noviembre, 2014

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Parece que todas estamos súper aburridas de criticarnos mutuamente sobre nuestras decisiones como mamás. Creo que hemos alcanzado el punto donde debemos tomar la mano de la mujer que esté más cerca de nosotras y decir: “¡Basta ya!”.

No me importa si tu hijo duerme en tu cama hasta que cumpla 100 años o si nunca ha dormido un minuto a tu lado. Basta ya. No me importa si tu hijo toma formula o té Kombucha o Spam o si lo alimentas de la manera tradicional con tus senos. Simplemente no me importa. No vivo tu vida, así que, ¿por qué debería juzgarte?

Levantemos de forma colectiva nuestras voces y digamos: Basta ya, somos mujeres y madres y lo estamos haciendo lo mejor que podemos.

Seamos amigas y compañeras en esta cosa que llamamos maternidad.

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Por favor acérquense cuando estén tristes y molestas por la maternidad, como todas lo estamos en un momento u otro. Te entregaré mi copa de vino, si eres de las que toman y simplemente voy a escuchar.  No intentaré resolverlo. Simplemente escucharé y asentiré con la compresión de alguien que también ha pasado por eso.

Entiendo que es probablemente tan molesto para ti como tu hijo lo es para mí. Lo entiendo. No hay resentimientos.

No voy a competir contigo en mi mente. No voy a comparar a mi hijo con el tuyo cada vez que pueda. Simplemente no lo haré. Nuestros hijos harán lo que quieran en su propio tiempo y realmente no tiene nada que ver con nosotros.

Sabré que cuando le grites a tu hijo con impotencia en el supermercado tienes toda la razón y el derecho de hacerlo. Lo que sea que te llevó a ese punto fue tan loco como lo que me llevó al punto de gritar a mis hijos en la habitación del hospital ese día. Recordaré eso y tendré empatía y te voy a levantar los pulgares.

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No voy a jugar tu decisión sobre cómo criar a tus hijos. No conozco a ese niño como tú lo haces y nunca lo haré. Me preocuparé de mis propias cosas porque si juzgo, es por la inseguridad que siento en mis propias decisiones. Recordaré esto siempre.

Ayudaré a las madres en necesidad. Todos somos madres y en algún momento todos necesitaremos la ayuda de otras madres. Sea cuál sea la forma en que esa ayuda viene, si la puedo dar, te la daré.

Me voy a poner de tu lado. Y no en el lado opuesto. Como mujeres y madres, somos las únicas que entendemos cómo nos sentimos. Cómo ese amor imperioso por nuestros hijos nos vuelve un poco locas. Cómo nuestros ovarios a veces son bastardos astutos y nuestras hormonas nos hacen querer chocolate. Nuestros hijos no lo entienden. Nuestras parejas no siempre entienden. Así que tenemos que permanecer juntas en esta cosa de la maternidad.

Dejemos de lado todos los argumentos molestos: mamá que trabaja vs que se queda en casa, amamantar vs mamadera, circuncisión, entrenamiento para dormir, castigos, orgánico vs no-orgánico, entrenamiento para ir al baño, dar a luz en casa vs en el hospital, darles cosas vs darles nada, entregar las riendas vs tomar las riendas.

Estos niños sobrevivirán todas nuestras buenas y malas decisiones. Los moldearemos o no. Pero quizás si somos más comprensivas entre nosotras, podemos inculcar ese valor importante en ellos. ¿Te unes?

Original.

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