Por Bárbara Samaniego
23 marzo, 2015

Algunas son simplemente escalofriantes.

El West Riding Lunatic Asylum abrió sus puertas en 1818 y las cerró, afortunadamente para algunos, en 1995. Fue uno de los principales centros para enfermos mentales en Inglaterra, y albergó a cientos de pacientes. Algunos de ellos fueron inmortalizados en estas fotos:

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En esta época, comenzó la época de encierro, en los asilos y los hospitales generales. Los médicos contaban con pocos conocimientos acerca de la locura, por lo que los espacios eran compartidos por delincuentes, desertores, prostitutas, y borrachos… Además, no era extraño que ciertos prisioneros fuesen tratados como dementes. Y si bien en la actualidad mucho delincuentes son aún considerados inadaptados, esto va más ligado a un desorden o trauma psicológico que a una enfermedad incurable.

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Este paciente sufría aparentemente una demencia permanente. Hoy, podría pensarse que esta persona sufría de catatonia; un estado físico y psicológico que se caracteriza por el desvarío, la poca coherencia, y las anormalidades en los movimientos físicos. El padecimiento puede durar desde unas horas hasta meses.

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Esta mujer fue diagnosticada con Parálisis general del demente. Se cree en la actualidad que el diagnóstico se refiere a la neuro-sífilis, una infección del cerebro o de la médula espinal que ocurre por lo general en personas que han tenido sífilis sin tratamiento durante muchos años. Sus síntomas incluyen: disminución de la capacidad de hablar, de discernir y de calcular, pérdida de la memoria a largo y corto plazo, cambios de personalidad (como delirios, alucinaciones, irritabilidad y comportamiento inapropiado) y convulsiones.

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A ella le diagnosticaron una “monomanía de orgullo”, rasgo de la personalidad que hoy definiríamos como delirio de grandeza: enfermedad psicológica, de la rama de la paranoia, que consiste en creerse falsamente un personaje poderoso o importante y comportarse como tal. Suelen sucumbir a este tipo de delirio las personas con baja autoestima que necesitan creerse en una situación personal mucho mejor de la que se encuentran para poder soportar la vida.

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Y esta último sufriría de “melancolía aguda”, un diagnóstico que, en realidad, no nos habla de locura, sino más bien de una persona que sufre de depresión; estado anímico en el cual los sentimientos de tristeza, pérdida, ira o frustración interfieren con la vida diaria durante un período de algunas semanas o más.